Muiscas y Griegos

Inicialmente sólo existía Bague, la Madre Abuela, ella gritó, y aparecieron los dioses, la luz, las plantas, los animales y los muiscas. Luego los dioses llenaron una olla con semillas y piedras, y sembraron luceros en el espacio. Posteriormente tomaron las migajas que habían quedado en la olla y fueron lanzadas muy lejos, y ese fue el origen de las estrellas.
Sin embargo, todo estaba quieto, nada se movía. Entonces los dioses fueron a visitar a Bague, y le contaron su pesar porque nada se movía, ni crecía, ni sonaba. La Madre Abuela preparó una bebida que los dioses tomaron hasta quedar dormidos. Gracias a esta, comenzaron a soñar y a tener visiones, y en sus sueños todo se movía, las aves cantaban, las cascadas hacían ruido y los hombres se afanaban, en sus labores cotidianas. Cuando los dioses despertaron, la luz se esparció por el universo, y todo tuvo movimiento, justo igual a en sus sueños.
Los griegos no creían en un dios creador ni único pero tampoco piensan que pueda existir la nada. Por esto ponen el origen del mundo en el Caos, una masa tosca y desordenada de cosas no bien unidas; en su interior estaban ya latentes ya la tierra, el mar y el aire, aunque sin conservar su forma. Un dios, la naturaleza, se levantó de pronto de su interior y dividió las tierras del cielo, el agua de la tierra y el aire superior del inferior. Posteriormente los colocó en el orden en que están ahora. Dividió la tierra en cinco zonas: dos cálidas, dos gélidas y una muy calurosa; la moldeó en forma de llanuras y montañas y la cubrió con hierba y árboles. Situó sobre la tierra el firmamento con sus brillantes astros y, finalmente, pobló la tierra con animales, el mar con peces y el firmamento con el sol, la luna y los cinco planetas. En último término salió el hombre, nacimiento que atribuyen a Prometeo, quien lo moldeó con agua y arcilla en su materia corporal y con algunos elementos que habían sobrevivido desde la Primera Creación en su materia espiritual.

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